Cada cuatro años, el calendario nos sorprende con un día adicional: el 29 de febrero. Esta fecha, conocida como “día bisiesto”, aparece únicamente en los años que son múltiplos de cuatro, como parte del ajuste que se realiza para mantener la sincronía entre el calendario y el movimiento real de la Tierra alrededor del Sol.
Las personas nacidas el 29 de febrero tienen una particularidad única: solo pueden celebrar su cumpleaños en la fecha exacta cada cuatro años. Por ello, en los años no bisiestos, muchas de estas personas optan por festejar el 28 de febrero o el 1 de marzo.
La elección depende generalmente de la familia o de la costumbre personal, aunque ambos días son válidos y reconocidos legalmente en la mayoría de países.
Nacer en esta fecha es poco común. Las estadísticas indican que la probabilidad de nacer un 29 de febrero es de aproximadamente 1 entre 1,461 nacimientos. Esto convierte a los llamados “leaplings” o “bebés bisiestos” en una minoría muy particular dentro de la población mundial.
El 29 de febrero no solo genera curiosidad, sino que también recuerda la importancia del calendario bisiesto para evitar el desfase entre el tiempo cronológico y los ciclos astronómicos. Sin este ajuste, las estaciones irían modificándose lentamente a lo largo de los años.
De esta manera, los nacidos en esta fecha mantienen una tradición especial, celebrando su cumpleaños de una forma poco común y destacando cada vez que llega un nuevo año bisiesto.